En un pueblo llamado Miguelete, solemos tener catequesis todos los miércoles. Hay niños de diferentes niveles. Pero es casi imposible, encontrar a algún joven. Actualmente llegan a hacer la Primera Comunión y luego no vuelven más a la Iglesia. Sin embargo, hay un jovencito que no tiene vergüenza de decirle a los demás que es católico. Le gusta venir, esto es algo inusual en los jóvenes uruguayos. Tanto es su interés, que un día nos manifestó que su madre (así le llaman a su mamá, en Uruguay), le había dicho que le encantaría verlo en el altar.

Un día, a la hora de la catequesis se aparece él con dos jóvenes más. Sorpresa para nosotras. Resulta que él los había invitado y decidieron venir juntos. Son chicos buenos, pero cada uno tiene su propia historia. Realmente necesitan ayuda, sin embargo están contentos. Y su alegría fue comunicativa. Ahora cuando nos ven por la calle nos saludan y para nuestra alegría invitaron a más. Ahora los jóvenes que vienen son cinco, y con valentía se animan a venir a la Iglesia. Es increíble ver a jóvenes de 14 0 15 años, convertidos en unos niños cuando juegan, creo que de a poquito la Palabra de Dios hará grandes cambios en su historia.

Madre Norma MJVV