BODAS DE PLATA EN EL SANTUARIO ECOLOGICO “VIRGEN DE LA PAZ”

El 14 de mayo último, Mons. Edinson Farfán Córdova, osa presidió la Santa Misa desde el Santuario ecológico “Virgen de la Paz” de Ccoñamuro, en el distrito de Progreso, provincia  Grau, departamento  Apurímac, Prelatura de Chuquibambilla. La Misa de acción de gracias celebraba el 25 aniversario de la colocación del Rosario más pesado del mundo y la erección del Santuario Ecológico como lugar de peregrinación para las tres provincias de Apurímac.

Agradecemos la protección maternal de Nuestra Madre del Cielo, Madre de Dios y Madre nuestra durante todo este tiempo y le pedimos nos siga cuidando con Amor de Madre y poder de Reina.

Agradecemos de manera especial a nuestras Misioneras pioneras que dieron inicio a esta gran obra en honor a la Virgen Santísima. Leemos en la crónica MJVV:

Entre los años 1986 a 1990 la Comunidad de las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima teníamos a cargo la Parroquia del Señor de la Exaltación de Progreso, cuyos miembros eran: Madre María, Madre Tabita, Madre Celina, Madre Fidelis, Madre Socorro y Madre Berlinde.

Un día la comunidad programó un paseo a las afueras de Progreso. A más o menos 6 kms ubicamos, cerca del caserío de Ccoñamuro, un conjunto de rocas y arbustos, ideal para la meditación y una extensa planicie para jugar. Después de la meditación, Madre María nos mostró el rinconcito que había elegido para su meditación diciéndonos, que era un lugar precioso como para hacer una gruta y entronizar la imagen de la Virgen. Todas comenzamos a imaginarnos cómo sería en el futuro este lugar.

En ese entonces los estragos del terrorismo llegaban hasta nosotros. Nuestro Perú no tenía paz. En esos tiempos la Iglesia, como una tabla de salvación programó el Año Mariano; una manera de ganar la indulgencia plenaria era haciendo una peregrinación a un Santuario Mariano. En nuestra Prelatura no existía ninguno. Nosotras nos adelantamos a la idea y encargamos al taller de escultura religiosa Santa Teresita en Lima, la imagen bajo la advocación Virgen de la Paz.

El grupo parroquial de nuestros jóvenes, entusiasmados se organizaron para limpiar y labrar la gruta con ayuda de sus ingeniosos peldaños colgantes, esta labor fue de varios días y de grandes sacrificios. Entre tanto la bella imagen de la Virgen de la Paz derramaba sus bendiciones desde uno de los altares del templo de Progreso.

Ante las dificultades el padre Domingo Raponi, osa nos animaba. Una vez estando en el lugar dijo estas palabras que nosotras llamaríamos proféticas: “esta pampa un día se verá colmada de gente que vendrán de todo sitio a reunirse por la Virgen”. Nuestra gente estaba impaciente por ver a la Virgen en la gruta, para contentarlos aquel año mariano la Virgen de la Paz visitó cada hogar progresino. Entonces el azote del terror en Progreso ya cobraba vidas.

En enero de 1990 organizamos con la ayuda del padre Raponi el traslado de la Virgen de la Paz a su gruta. El 6 de enero, día programado, amaneció lloviendo. Se celebró la Misa en el templo y se esperó hasta que pase la lluvia. Pero la lluvia no cesaba. Nos decidimos iniciar la procesión de traslado y entronización de la Virgen de la Paz a las 11 am aunque llueva.

De modo que a las 11 am tocamos las campanas, iniciamos la procesión bajo la lluvia. Pero a los pocos minutos cesó la lluvia y el clima cambió milagrosamente. En medio de cantos y rezos bajo un cielo completamente despejado y un sol radiante proseguimos la procesión. Llegamos al lugar después de dos horas. La entronización de la Virgen fue emocionante. El sacerdote bendijo el lugar, rezamos el santo rosario y fijamos el 13 de mayo como día de celebración.

Efectivamente el 13 de mayo de 1990 se hizo la primera peregrinación con todos los habitantes de Progreso.

A LA MADRE DE UN SACERDOTE

“Desde siglos atrás, el pueblo católico ha consagrado el mes de mayo a aquella Mujer que es la «bendita entre todas las mujeres», el orgullo y la gloria más grande del género humano, siendo como es la Madre de Dios y a la vez la Madre de todos los hombres.  Dentro del «Mes de la Madre» que pertenece a nuestra Madre celestial, señalamos con mucha razón un «Día de la Madre» a nuestra madre terrenal, acordándonos de ella con el cariño y la gratitud que de cada uno de nosotros merece aquella mujer que ha sido o es en esta tierra su «madrecita». Las siguientes breves palabras las consagro hoy a mi propia madre, a la cual tengo el derecho y la dulce satisfacción de honrar con el glorioso título de «Madre de un sacerdote». Y no son estas palabras que le dedicó de imaginación poética, son la pura verdad. Y las depongo con profunda reverencia y cariñosa gratitud como unas modestas flores por el Día de la Madre sobre su tumba lejana.

            Hace ahora justamente 30 años. Era una tarde del mes de mayo, unos días antes de mi cumpleaños. De eso hablábamos mi madre y yo, que estábamos solos en la casa. Ella me hizo unas preguntas por las que comprendí que había sospechado algo de mi secreto, del secreto de mi vocación que desde hacía tantos años yo acariciaba y guardaba. Al fin tuve que contestar y dije sin rodeos: «Sí, mamá quiero ser sacerdote».

            Había revelado mi secreto. Siguió un silencio profundo. Desapareció la sonrisa que un instante antes había alegrado el rostro de mi madre. El silencio se me hizo muy largo. Todo me daba la vaga impresión como si hubiese entrado en el cuarto algo de sagrado que hubiera quedado flotando en el ambiente. Era casi, así como cuando en la Misa ha llegado el momento de la consagración.

            Noté que mi madre no me miraba, que su mirada se perdía a través de la ventana en el crepúsculo. Su cara me parecía tan solemne como nunca la había visto igual. ¿Es que también ella sentía algo así como de consagración? ¿Se sentía quizás como tocada por Dios y bendecida, una vez más bendecida por causa mía? ¿Quién puede saber qué ideas tiene una mujer cuando vislumbra por primera vez en la lejanía el honor bienaventurado de ser algún día madre de un sacerdote? Tal vez veíase de rodillas ante su hijo sacerdote, que en otro tiempo había jugado sobre sus rodillas, niño, tranquilo, feliz. En aquel entonces ella había juntado sus manitas para las primeras oraciones. ¿Sentía quizás ahora sobre su cabeza, las manos ungidas de su hijo para recibir la primera bendición sacerdotal? ¿Pensaba en la Reina de Mayo, y la Reina del clero que fue la primera madre de un Sacerdote, Madre del sumo Sacerdote Jesucristo, Madre modelo de todas cuantas desean ser o son Madres de un sacerdote? ¿Tal vez presentía algo de lo mucho que en oraciones y sacrificios le costó a la Madre de Jesús y le cuesta a la madre elegida de un futuro sacerdote el acompañar a su hijo a la subida del Monte Santo del Sacerdocio? ¿Es que se dio cuenta de que para ella había comenzado una vez más un tiempo de esperanza y espera tan sagrado para una madre? Pero esta vez sería un tiempo de espera mucho más largo que aquella primera vez.

            Nunca me dijo nada de lo que había pensado y soñado aquella hora inolvidable para mí. Todavía veo deslizarse sobre sus mejillas unas lágrimas, pero pronto se controló. Volvió la sonrisa a su rostro, me miró y sólo me dijo: «Bueno, vamos a ver».

            Me retiré para dormir. Durante varias horas no pude conciliar el sueño. Siempre tenía que pensar en mi madre.  Veía su cara, su mirada pensativa y perdida en la lejanía; esas lágrimas brillantes. Tiempo atrás, de un sermón, me había grabado en la memoria la frase «corona del sacerdocio». Y entonces me parecía ver a mi madre con una corona, la de la gloria de ser «Madre de un sacerdote».

            Siguieron varios años de estudio. Todo marchaba bien. Había las alegrías tan puras que le da al joven el avanzar, el acercarse a la meta lejana, pero impacientemente anhelada.  Sabía muy bien que constantemente me acompañaban los anhelos y desvelos, las oraciones y sacrificios de mi madre.

            Se ha dicho que no habrá vocación sacerdotal auténtica que no haya sido probada. Vino para nosotros la prueba, dura y amarga: mi salud dejó mucho que desear, y por último tuve que interrumpir los estudios. Los médicos me aconsejaron: «no estudie más: deje esta idea de ser sacerdote». Mis superiores compartían la opinión de los médicos. No así mi madre ni yo.

            Sin embargo ¿Qué hacer en situación tan crítica? La oración era entonces el único refugio de mi madre tan apenada. Yo seguía su ejemplo. He rezado mucho en aquel apuro, es verdad, pero mucho más rezaba mi madre. Y ella no sólo rezó; hizo algo más. Lo supe años después.

            Perdí dos semestres de colegio y sin haber logrado una mejoría notable en mi salud comencé de nuevo los estudios. Había quienes me lo reprochaban como imprudencia. Mi madre no dijo nada. Me dejó a mí solo la decisión. No sé si mi resolución estaba motivada por la confianza en Dios o por temeridad; quizás ni por lo uno ni por lo otro., sino más bien por las oraciones de mi madre.

            Para mí mismo y para los demás era una gran sorpresa ver que todo marchaba bien.  Los siete años de estudios que me faltaron, los cursé sin volver a enfermarme en lo más mínimo. Ni falté a una sola hora de clase durante todo ese tiempo.

            Pero cuatro años antes de mi ordenación de sacerdote cayó enferma mi buena madre y murió. Un sacerdote amigo de nuestra familia que había conocido muy bien a mi madre, me escribió entonces expresando su pésame: «Ud. le debe a su madre, en cuanto a su vocación sacerdotal, mucho más de lo que Ud. Sospecha». Yo le contesté en estos términos: «No sé cuánto sea lo que yo le debo a mi madre, pero estoy plenamente convencido de que yo no vestiría la sotana negra si no estuviese ella ahora con la mortaja blanca».

            No podía dudar de que ella había hecho un sacrificio supremo en aquel tiempo, cuando vimos alejarse tanto y casi desaparecer en nebulosa incertidumbre nuestra gran esperanza. Junto con sus oraciones, le ofreció a Dios su vida, diciéndole que me hiciera llegar a mí al sacerdocio, contentándose ella con no ver en este mundo el día del sagrado triunfo, que también habría sido triunfo suyo, y que tanto anhelaba. Dios aceptó su sacrifico. Arriba donde está ella, la Reina de Mayo y Reina del clero, al lado del sumo Sacerdote Jesucristo, allí lleva también ella la corona de aquella gloria que es la más alta con la cual puede ser honrada una mujer, la gloria de ser «madre de un sacerdote»”.

(Esta charla fue dada por el Siervo de Dios, Monseñor Federico Kaiser Depel, MSC, el «Día de la Madre» en 1947 por una emisora radial limeña)

Una santa semana de misiones en san Juan de Lucanas

 

¡Grande alegría! Nos informan que varias Profesas irían de misiones durante la Semana Santa. Apoyaríamos en la Prelatura de Caravelí. Todas esperaban con ansias oír sus nombres. Quedaba por anunciar el último grupo y… ¡bendito sea Dios! Estaban los nuestros. Iríamos a Saisa en la provincia de Lucanas.

Teníamos mucha ilusión, pues estaríamos en lugares donde Nuestro Padre Fundador otrora, había dejado sus huellas. Dios dispuso las cosas de tal manera que no llegamos a Saisa, sino a san Juan. La Providencia guió esta misión, de tal manera que podemos decir: Realmente fueron unas misiones especiales.

Salimos de Caravelí el sábado muy temprano, pero por contratiempos en el viaje, no llegamos ese día a san Juan teniendo que pernoctar en Lucanas, donde a pesar del intenso frío pudimos percibir la calurosa acogida del párroco, el Rvdo. P. John y de los fieles de la parroquia. Al día siguiente participamos con ellos de la procesión de Ramos y antes del mediodía estábamos por fin en nuestro destino: San Juan. Gracias a Dios la procesión estaba programada para la tarde. No pudimos lograr mucha participación aquel día.

A la mañana siguiente, muy temprano visitamos la escuela, el colegio y el jardín de infancia. Teníamos que hacerles comprender que ésta era una Semana especial: Estábamos en la Semana Santa. Y los dos años de pandemia precedentes, no tendrían que haber enfriado su fe. Cada tarde teníamos catequesis con jóvenes y niños. M. Zarela ensayaba con los jóvenes los cantos, pues formarían el Coro. Estaban felices. Fueron ellos los que tuvieron parte muy activa en estas misiones, podíamos contar con su ayuda incondicional en los actos litúrgicos, en los cantos y Lecturas, como también en las procesiones y aún más en la limpieza y el ornato del Templo. Uno de ellos: Ever que antes había sido monaguillo, volvió a sus funciones. Todos estaban muy entusiasmados. Por su parte, los más pequeños, aprendieron también algunos cantos. Estaban ansiosos de aprender a rezar y también de que la Madre les enseñe un nuevo juego. A más de 3000 msnm la actividad física les viene muy bien. Ellos son felices a pesar de que el frío intenso ha dejado marcados sus rostros. Todo el tiempo restante lo empleábamos para las Visitas a domicilio. Allí se podía palpar el hambre que la gente tiene de Dios, las ansias de su misericordia y la conciencia de haberle ofendido. Muy conmovedora fue la actitud de una anciana. Con los ojos llenos de lágrimas no dejaba de besar y pedir perdón al Crucificado por haberle ofendido. No tenía reparo en poner al descubierto todo lo malo que había hecho en su vida, a pesar que le decíamos que lo haga en la Confesión. Lamentablemente estaba por viajar y no pudo confesarse. Con toda seguridad que la gracia y la misericordia de Dios actuó en ella. Su contrición era perfecta.

Los días pasaban muy rápido. El Miércoles Santo solían hacer la Procesión del encuentro. Pero se temía que no se llevase a cabo ya que por la pandemia no se habían nombrado mayordomos. Entonces recurrimos a nuestros jóvenes. Si los adultos no hacían la procesión, ellos les iban a demostrar que sus costumbres y su fe no se habían extinguido. Gracias a Dios los adultos respondieron, por la tarde acudieron al armado de las andas y por la noche muchos acompañaron en la procesión. Por un lado, los varones llevaban la pesada anda de Cristo por la erguida pendiente y por otra calle, las mujeres con el anda de la Virgen.

Al día siguiente, Jueves Santo, iniciaba el solemne triduo Pascual. Llegó el Sacerdote, y antes de celebrar la Santa Misa, la gente pudo confesarse. Se realizó el significativo Lavatorio de los pies y luego el Traslado del Santísimo Sacramento. Habíamos organizado la Adoración por turnos. Primero los niños, luego los jóvenes y por último los adultos. Una hora cada grupo. Realmente presenciamos una respuesta que no esperábamos. Allí estaban los pequeñitos de la catequesis, haciendo su venia profunda ante el Santísimo, todos muy ordenaditos. Y acompañaron al Señor ¡toda la hora! entre cantos, oraciones, peticiones y alabanzas. Al hacer sus peticiones con sus ojitos cerrados, se podía ver la pureza y la inocencia de sus almas. Luego siguieron los jóvenes, que no querían dejarse ganar por los más pequeños. Y por último, los adultos, hasta la medianoche. También a ellos les guiábamos en la oración con textos de adoración, reflexiones, meditaciones según la hora y los acontecimientos que Nuestro Señor estaba atravesando. Jesús Sacramentado no estuvo sólo en la santa Noche, muchos acudieron a Él para acompañarle.

Para el Viernes Santo habíamos preparado el rezo del Vía Crucis. La gente no acostumbra rezarlo porque se concentran en el armado del Calvario para la desclavación, así que, con nuestros jóvenes y niños, rezamos por las calles el Vía Crucis a las tres de la tarde. Algunos que nos veían se iban uniendo en la oración. Entre tanto la gente preparaba el llamado Calvario. En el presbiterio y delante del Altar despojado colocan una grande tela negra que pende desde lo alto. Delante la cruz, en medio de grandes ramas de eucalipto.

Por la noche tuvimos la Celebración de la Pasión del Señor. Durante la Adoración de la Cruz, ellos suelen avanzar de rodillas, de dos en dos, por el centro del Templo, hasta llegar a la Cruz, se postran, adoran y luego retroceden de rodillas sin dar la espalda.  No pocos, fueron los que se acercaron a realizar este acto penitencial. Después de la Comunión ingresaron los Santos Varones vestidos de blanco. El Templo estaba a oscuras. Al llegar al Calvario hacían estremecer las ramas. Uno de ellos subió por una escalera hasta la Cruz y con mucha unción iba retirando del Cuerpo de Nuestro Señor, la corona de espinas y los clavos, los presentaba al pueblo y luego a la Virgen Dolorosa. No se atreven ni siquiera a tocar los sagrados objetos, todo lo hacen con unos paños blancos. Hasta que al fin, entre lienzos blancos descienden el Cuerpo del Señor, que después de presentárselo a la Virgen Dolorosa lo colocan en el Sepulcro. Entonces comienza la Procesión por las calles, que no son nada planas, al contrario, todas en declive. El frío en estos días se ha intensificado a medida que la luna se deja ver en todo su esplendor. Acompañaron la procesión, adultos, jóvenes y niños. Al terminar, el sepulcro queda en el Templo y el mayordomo suele invitar a todos a compartir una mazamorra. Es su costumbre. Muchos habían ayunado todo el día.

El sábado muy temprano, a pesar de que la helada había dejado como señal los pastos escarchados, estaban nuestros niños y jóvenes muy dispuestos para arreglar el Templo y dejar todo muy limpio, pues deberíamos preparar la Vigilia Pascual. Habían traído flores. Parece increíble, pero hasta la naturaleza manifiesta la Resurrección del Señor. Por todos lados se ven en los cerros flores amarillas. Debíamos actuar con prisa ya que este día se realizarían tres Misas de difuntos. Al parecer, sin darse cuenta en la coincidencia de fechas estas Misas estaban aceptadas desde hacía tiempo atrás. Así que vendría el Sacerdote. Cerca de media mañana estaba todo listo.

La última Misa terminó cerca de las 2 pm. Nuestros niños y jóvenes fielmente estuvieron todo el tiempo, ayudando con los cantos, lecturas, acolitando y acompañándonos hasta el cementerio. Se sentían importantes de ser el resguardo de la Madre. Al finalizar la última Misa, los deudos nos invitaron a almorzar, pero les dijimos que somos un solo grupo: Las Madres, el coro y los niños de la catequesis. Los familiares aceptaron. Al llegar a la casa nos ubicaron en un lugar especial con todas las atenciones. Nuestros acompañantes eran los más felices, pues se sentían muy importantes. Y qué decir nosotras, gozábamos de verlos tan contentos.

Cerca de las 7 pm estábamos viendo lo último para dar inicio a la Vigilia Pascual en el atrio del Templo. No esperábamos mucha afluencia, porque además que la gente no acostumbra celebrar la Vigilia, por la mañana se habían celebrado tres Misas y todas con mucha concurrencia. Sin embargo, la gente asistió. A medida que la Luz de Cristo resplandecía, iban desapareciendo de ellos la timidez e incertidumbre de la oscuridad que había a su alrededor. Comenzaba a brillar en sus rostros la alegría del Resucitado. Al llegar al Altar, todas las luces se encendieron, y el Templo dentro de su pobreza y sencillez lucía muy adornado. Nuevamente, como lo quería Nuestro Padre Fundador, la Luz de Cristo brillaba en las serranías. Brillaba en las almas de aquellos que supieron vivir esta Semana Santa. Esa noche muchos se acercaron a la Comunión. Al final no faltaron los momentos de alegría y los saludos de Pascua de Resurrección. Como tampoco el compartir con chocolatada y bizcochos. El Señor había resucitado en sus vidas.

Al día siguiente, domingo de Pascua, el Sacerdote vendría a media mañana a celebrar la santa Misa y a recogernos. La despedida fue conmovedora. Siempre al acabar una misión la gente y especialmente los niños sienten pena y nostalgia y piden que las Madres vuelvan. Esta vez, los jóvenes cerraron las puertas de la Iglesia y se pusieron a llorar. Entre lágrimas decían: ustedes nos enseñaron la fe y ahora nos dejan. Fue muy triste. Esta frase encerraba una verdad que no podemos negar. Cuánta necesidad tiene el mundo de evangelizadores, cuánta hambre tiene de Dios. Nuevamente resonaba como un eco el pedido que años atrás le hacían por todas partes a Nuestro Padre Fundador.

El Sacerdote les había dicho que no dependía de él que nosotras volviésemos, ya que teníamos una Superiora. Para qué encendió la esperanza. Rápidamente comenzaron a escribir sus cartas, con la seguridad de que su pedido sería atendido.

Salimos de allí con dirección a otro pueblo. Estando en plena Santa Misa, apenas si pude ver a una niña que había venido corriendo desde donde los habíamos dejado, sólo para entregar su carta. Jadeando me dijo: Es para la Madrecita superiora. Estaba convencida que su carta sería leída.

Nuestra misión había terminado, debíamos regresar a nuestro Convento, para continuar allí con otra misión: Rezar por aquellos que fueron iluminados con la luz del Resucitado, por aquellos que aún no lo conocen y también para que siga dando fortaleza, valentía y mucha fe a los que están evangelizando. Las almas están hambrientas de Dios. Las restricciones de la pandemia no han apagado la fe. Dios puede hacer, por quienes Él envía, que ésta resplandezca más intensamente. Esto lo hemos experimentado en estos pocos días en san Juan, por eso: Realmente éstas fueron unas misiones especiales.

Madre Crescencia MJVV y Madre Zarela MJVV

Siete novicias emitieron sus primeros Votos

El pasado domingo, 30 de enero, nuestras 7 novicias mayores emitieron sus primeros Votos. La ceremonia se celebró en nuestra casa de retiro Emaús, donde al momento se encuentran reunidas nuestras misioneras del Perú. Damos gracias a Dios por el don de la consagración de nuestras queridas Hermanas y las acompañamos con nuestras oraciones y sacrificios.

Nueva fundación cristiana llegó a Caraguatá

Nueva fundación cristiana llegó a Caraguatá

«Donde termina una carretera asfaltada, allí empieza la labor de una Misionera de Jesús Verbo y Víctima»

El Pasado 12 de diciembre, con la Gracia de Dios y la presencia de Monseñor Pedro Wolcan, se fundó la cuarta comunidad de Madres Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV), en Uruguay.

Desde ese día viven en la Parroquia del Santísimo Sacramento y Santa Teresita del niño Jesús, cuatro de las nuevas  Madres.

Desde la diócesis se expresa el agradecimiento gracias a Dios, “que con gran amor acompaña a su Pueblo. Y rezamos por la pronta beatificación de Monseñor Federico Kaiser, fundador de esta congregación”.

Las Madres Madres Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, se encuentran en Ombúes de Lavalle (Colonia), Santa Clara De Olimar (Treinta y Tres), Tambores (Paysandú) y desde el pasado domingo en Caraguatá (Tacuarembó).

En camino con nuestro jóvenes

El tiempo de Adviento es muy propicio para dar alegría a los demás. Esta vez nuestros jóvenes de la parroquia San Guillermo de Ccoyllurqui, Prelatura de Chuquibambilla, quisieron poner en práctica el amor al prójimo. Y decidimos visitar a los abuelitos más necesitados de los pueblos de Acpitán, Pallparo, Ccollahuaro y Chahuay. Después de varias semanas de reflexión y preparación  iniciamos la Misión juvenil de Adviento. Chicas y chicos estaban preparados para llevar el mensaje de navidad y obras concretas mediante las cuales expresaban que la Navidad es Dios con nosotros, que el amor a Dios nos empuja a crear fraternidad, especialmente con los más vulnerables. Una vez más los jóvenes experimentaron que “Hay más alegría en dar que en recibir”.  Después de las jornadas intensas, en que dedicaron tiempo para escuchar a los ancianitos, hacerles reír, limpiarles la casa, curar sus heridas y dejarles un poco de víveres, agradecieron la bondad de Dios que nos ama y nos hace capaces de amar. A todos nuestros lectores les deseamos una FELIZ NAVIDAD.  Madre Priscila y las MJVV de Ccoyllurqui.

Bodas de Plata en nuestra Casa Madre

Ocho de nuestras  Hermanas, provenientes de centros misionales del Perú, Bolivia y Argentina, se congregaron en nuestro Cenáculo para prepararse a celebrar sus bodas de plata. El 8 de diciembre en un ambiente de gozo y felicidad, nuestras Hermanas agradecieron a Jesús Verbo y Víctima el don de la fidelidad y confirmaron su entrega total al Único que es capaz de hacernos plenamente felices. Con ellas toda la Congregación damos gracias al Buen Dios. A nuestras queridas Hermanas les agradecemos su fidelidad y les deseamos muchísimos años más al servicio de los más abandonados.

El mismo día nuestra Madre del cielo nos regaló el ingreso de una postulante en nuestro noviciado de Argentina. Rezamos por nuestra benjamina.

 

Nuestras Misioneras de Mallares nos escriben

Nuestras misioneras de Mallares comparten con nosotras sus últimas actividades. En el marco de la celebración del Año de la Familia las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, encargadas de la capilla Nuestra Señora de Fátima de Mallares, vienen realizando encuentros de profundización de temas sobre la Familia. A causa de la pandemia limitan el número de participantes.

Siguiendo las directrices del arzobispo de Piura y en comunión con el deseo del Santo Padre Francisco, han realizado los estudios previos al Sínodo 2021-2023 cuyo tema es: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión» Todos los grupos de la capilla Nuestra Señora de Fátima han realizado jornadas de reflexión sobre la sinodalidad como camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio.

Madre Catalina MJVV dirige el estudio con un grupo de jóvenes de Mallares.

Las familias de Calixto Romero se reúnen con Madre Damiana para desarrollar el cuestionario:También la Hermandad  del  Señor  de  los  milagros  quieren  dar  su  aporte  en  este  estudio:

Mallares es un caserío del distrito de Marcavelica, provincia de Sullana, departamento de Piura. Eclesiásticamente pertenece al arzobispado de Piura. Nuestras Misioneras atienden los caseríos de Mallares, La Segunda, Samán y La Noria, en total unas 10,000 almas. Su clima es cálido y la siembra de arroz y plátano es la única fuente de trabajo para la mayoría de sus habitantes. El gran problema de Mallares, como del norte peruano, es la falta de agua.

El 30 de julio último se sintió un fuerte temblor de 6,1 en el norte del Perú. La capilla de Mallares sufrió algunos daños: la imagen de San Martín de Porres cayó de su pedestal dejándola inservible.

La capilla de La Noria también fue afectada:

Nuestras Misioneras, siguiendo el carisma de Nuestro Padre Fundador, llevan de casa en casa, a Jesús Verbo, la Palabra de Dios, la única que puede iluminar estos tiempos tan difíciles y a Jesús Víctima, el Crucificado, el único que da sentido y valor al sufrimiento de cada ser humano.