Promoción vocacional

Muy querida joven:

Para Usted y para todas aquellas jovencitas que ya han terminado sus estudios secundarios, o tal vez están por concluirlos, va esta carta circular.

¿No ha pensado alguna vez seguir el camino de la vida consagrada?

Sabemos que es usted una joven de carácter, de un ideal grande y no piensa quedarse entre las filas de las adocenadas. Pero todavía tiene que desenvolverse en aquel mundo que sabe frustrar las vocaciones sacerdotales y religiosas. El mundo hostil a Dios, que sabe ingeniarse para presentar a la juventud imágenes de una felicidad ficticia, que no son más que placeres perecederos y que tantas veces arrastran consigo amargos sinsabores. Confiamos que usted con el vigor de su juventud y nobles ideales sabrá defender la vocación con la que Dios la ha distinguido de todas las demás. A esto se llama tener personalidad, como bien lo decía Nuestro Padre Fundador, el Siervo de Dios, Mons. Federico Kaiser MSC, en su libro Estrellitas:

“Quien tiene sus principios bien pensados,
reflexionados y aclarados;
y una firme voluntad para cumplirlos
ese tiene PERSONALIDAD”

Es verdad que la vida religiosa exige renuncias y quizá la mas grande sea dejar papá, mamá y hermanos. Pero estas renuncias por amor a Dios traen consigo una gran recompensa: bienestar y paz a la familia misma. ¡Y cuánto más si los papás son los primeros colaboradores de la consagración a Dios de su hija! ¡Qué bendiciones tiene Dios destinados para ellos! Se necesita FE, una fe auténtica, es decir, aquella expresada en obras. Y la mejor obra es acudir prontamente al llamado divino sin regatear nada. Este es el verdadero amor que se sacrifica, amor que se da, amor puro, sin exigir nada a cambio. Dios es justo y no se dejará ganar en generosidad. Él sabrá retribuir con creces la generosidad de su elegida.

Y si usted es una de aquellas que no cuentan con el apoyo de sus padres, su sagrado deber es cumplir con el primer mandamiento que dice: Amar a Dios sobre todas las cosas. Aunque parezca contraproducente, el amor a Dios abarca el grande amor que se tiene a los padres. Porque amar a los suyos significa querer para ellos su eterna felicidad. Y ¿qué mayor felicidad que al encontrase usted un día allá en cielo ante la presencia divina y vea a los suyos en un sitio especial, distinguiéndose como padres de una consagrada al Señor?

Nuestra querida joven, piense, reflexione y CREA esta verdad. Entonces nada ni nadie podrá arrebatarle la preciosa perla de su vocación religiosa.

Después que usted haya meditado el contenido de esta carta, sírvase escribirnos lo que brota de su corazón. Nosotras le contestaremos.

MISIONERAS DE JESÚS VERBO Y VÍCTIMA

Convento Cenáculo Caravelí – Arequipa – Perú

Promotora vocacional:  Madre Celestina MJVV  943402161

 vocacionesmjvv31@gmail.com

Convento Nazaret San Rafael – Mendoza – Argentina

Tel. +54 02627 434801

 

¿Quieres saber si esa inquietud que sientes por Dios, por su Iglesia, por los seres humanos creados por Dios, es VOCACIÓN, es decir un llamado personal de Dios para seguirle más de cerca?

El Siervo de Dios, Mons. Federico Kaiser MSC, decía:

De entre todas sus creaturas Dios ELIGE a los que Él quiere, para que vivan más cerca de Él, y les da a conocer, en el tiempo, su LLAMADO, encargándoles una MISIÓN especial, que podemos sintetizar en pocas palabras: ser testigos de su Amor. Tres son, pues, los elementos constitutivos de toda Vocación: Elección, llamado y misión. 

Y especialmente de la Vocación religiosa: Elección, significa que Él nos ha dotado de cualidades humanas que nosotros podemos fortalecer con la gracia divina; con éstas, podemos responder al llamado de Dios, para consagrarnos a Él y poner todo lo nuestro, al servicio de otros. Esencialmente, la Vida consagrada a Dios, sea en el sacerdocio como en la vida religiosa, es vivir únicamente para Dios en una donación total de sí mismo y, como el que ama a Dios ama también todo lo que es de Dios, empeñarse en el servicio a los hermanos.

Algunos sentimos alguna vez esa fascinación por la vida consagrada a Dios, pero al mismo tiempo sentimos miedo.

Si la fascinación es más grande que el miedo y te hace feliz y te deja en paz, quiere decir que en verdad Dios te está llamando. El miedo lo puedes vencer confiando en Aquél que te llama. En palabras del Siervo de Dios: “Aquél que llama con estas palabras: ¡Sígueme!, me dará la fuerza y la gracia para alcanzar la hermosa meta a la que me llama”.

No dejes que la semilla de tu vocación, perezca en el desierto de tu miedo. Ponte en camino y busca ayuda para discernir tu vocación. ¡Escríbenos!

 

 

Por favor llamar a este número 943402161 para inscribirse.