La Biblia

Tiene en nuestra formación y en toda nuestra vida un sitial céntrico y de preferencia.

Es Ella fuerza de nuestra vida espiritual. Es un Tabernáculo que, abriéndolo estamos con Dios, con su palabra y doctrina, sus prodigios y maravillas.

Es Ella el preferido alimento de nuestra vida contemplativa.

Su meditación nos ayuda decisivamente para que nuestra vida apostólica sea sólo el desborde de nuestra vida contemplativa. Es Ella fuente que nos brinda el material para poder anunciar la verdad salvadora y la sabiduría de Dios, siendo nuestra vida esencialmente apostólica y determinada por las palabras bíblicas: “ID Y ENSEÑAD” (Mc 16,17).