Dos Espíritus en lucha

Dos Espíritus en lucha

Hoy, más que nunca, dos espíritus están luchando por nuestra alma y persona y quieren apoderarse de nosotros: el Espíritu Santo y el espíritu malo, es decir: el Divino y el espíritu diabólico.

Ninguno de los dos nos va a conquistar por la violencia. El uno, no lo hará por no querer, el   otro, por no poder. El Espíritu Santo ama y respeta nuestra libertad; pero no quiere forzarla. El espíritu malo odia y detesta nuestra libertad; pero no puede forzarla. Nuestra libertad es intocable: los dos espíritus lo saben.

El Espíritu Bueno está en los que siguen a Jesús: Él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14,6);

 

¿y el de los malos?, dice el Señor:

“vosotros sois de vuestro padre  el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él…” (Gen 3,1-7).

Si el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Ro 5,5), vivamos conformes a Él.

“Porque el misterio de la impiedad ya está actuando con toda clase de señales, prodigios engañosos y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado”1Tes. 2,7ª.9, no nos podemos cruzar de brazos Entonces: ¿Qué hacer? Que todo bautizado se arme con la armas de la Luz: Biblia y Cruz “aprovechando bien el tiempo presente porque los días son malos” (Ef. 5,16).

 

Editado por: M. Graciela MJVV

Cualidades del que es llamado(a)

Será como un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue. (Mt 25, 14-30) El que es llamado debe tener las cualidades necesarias para ser capaz de responder al Señor, y en un buen discernimiento esto constituye un punto importante para verificar la autenticidad de la vocación. Dios no llama a una persona sin dotarlo de los elementos que le hacen apto para seguir su camino. Dones, habilidades, capacidades personales… son en realidad un regalo que Dios te da por amor, haciéndote capaz de amar de una manera particular, y dándote así la capacidad de responder con la confianza necesaria para hacerlo plenamente. Estas cualidades dadas por Dios son físicas, caracteriológicas, morales y espirituales. Los dones de Dios se encuentran en todos los ámbitos de la persona y, con el tiempo, están destinados a crecer y madurar. El director espiritual debe ayudar a identificar estas cualidades y, en cierto sentido, echar luz en el ámbito personal del que se siente llamado para que la vocación (llamada) no se quede en potencia. En realidad estas cualidades también se pueden “enterrar” y hacer queden estériles: el egoísmo y la pereza son la cal viva que quema el terreno. La buena semilla muere y el fruto no madura, es más: nunca crecerá. Hay que tener en cuenta que la formación puede, con un buen método y con el tiempo, hacer madurar mucho unas cualidades que a primera vista parecían dar pocas garantías. Nadie nace “hecho” del todo, pero todos tenemos que dedicarnos con alegría y una buena dosis de madurez al trabajo de nuestra mejoría y transformación.