Cuarto Domingo de Cuaresma

El cuarto domingo de Cuaresma, es llamado también domingo de Laetare. La palabra  Laetare quiere decir “alegraos”. La Iglesia invita en medio de estas prácticas cuaresmales a mirar hacia dentro, descubriendo cada uno su propio pecado, pero en la perspectiva alegre del que sabe que la misericordia de Dios es más grande. Pero el motivo más grande de gozo para los creyentes es la proximidad de la Pascua del  Señor.

Mons. Federico Kaiser, tomando la oración del inicio de la Misa “Danos Señor la gracia de celebrar con alegría esta Cuaresma”, nos dice:

“Debemos tener alegría en este tiempo Cuaresmal, porque nos dice la Biblia: “La alegría  del Señor es nuestra fuerza” (Nehemías 8,10). Viendo el Evangelio que es muy serio, nos damos cuenta que no falta la semilla de la alegría.

Por todas partes,  está la alegría, porque tenemos que estar alegres. Ante una tarea muy seria que Dios nos encomienda, necesitamos Alegría, porque sin alegría poco se alcanza o no se alcanza nada, donde se requiere esfuerzo y sacrificio.

Así en el Evangelio, nos damos cuenta sobre todo que el Hijo pródigo ha regresado y el Padre está feliz. Sí, Dios es feliz si soy penitente, si soy uno que sabe convertirse, volver con toda mi alma y llegar al corazón de mi Padre. El Segundo Hijo se dio cuenta que había música y baile, y el Padre dice a su hijo mayor que era necesario: “teníamos que celebrar fiesta, porque tu hermano volvió”. Se tenía que celebrar este acontecimiento. Celebramos fiesta hay gran banquete. La santa Iglesia, Cristo mismo por medio de esta liturgia quiere ser glorificado.

Dios quiere que le rindamos el culto que se explican con estas palabras: “Sirvamos al Señor con alegría”. Si no hay alegría, nuestro servicio no es gran cosa. Nunca perder la alegría. Debemos estar con Cristo, con el Padre Celestial, con el Espíritu Santo y Santificador que quiere trabajar en nosotros sobre todo en estos días tan serios y penitenciales de la Cuaresma. El clima del Espíritu Santo es la alegría y si usted deja este clima no se va a santificar gran cosa.

El clima del diablo es la tristeza, el mal humor, la melancolía, el rencor por alguna cosa que recuerda y no le deja ser feliz y alegre. La alegría es indispensable para ser cristianos santos. La Cuaresma ayuda para ser cristianos santos, alegres, de paz. Para rezar mucho, hacer bien nuestro examen de conciencia, confesarnos bien y hacer bien nuestros sacrificios. Todo es posible y se hace fácil si nos quedamos con el Espíritu Santo y vivimos en su clima que es la alegría.

Mandemos al diablo de paseo, alegrémonos mucho en el Señor. No demos en nuestra vida un lugar al diablo y sirvamos al Señor con alegría, la fuerza en el Señor es la alegría. Alegrémosnos mucho, para llevar bien este tiempo hasta la Resurrección, para que sea auténtica Cuaresma”

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