SAN JOSÉ HUMILDE

Hoy es la fiesta de San José. Si pregunto a ustedes, ¿Han leído alguna vez la vida de San José? Seguro me dicen, que jamás encontraron un libro con este título. En los Evangelios mismos hay poco sobre San José y no encontramos de él ninguna palabra.

Todos los santos tienen una misión especial. San Pedro, tenía que ser el jefe de la Iglesia.  San Pablo, el gran predicador. San Francisco tenía que restaurar la pobreza en la Iglesia. San Ignacio quería que  la obediencia se destaque de nuevo.

Cuál es la misión de San José en el Reino de Dios para las almas?

La obra, la tarea, la misión por Dios asignada a San José,  era de ser “HUMILDE”; de una humildad destacada, extraordinaria, innegable, ejemplar. Lección inteligible para todos. San José es el santo de la humildad.

Cuando el Ángel de Dios visitó a la Virgen Santísima, encontramos Palabras de ella en los Evangelios. Pero, cuando el Ángel se presenta en sueños a San José y le manda ir a Egipto;  San José no dice nada, pero,  “Obedece inmediatamente”. Se levanta del sueño y cumple lo que le indica el Ángel. San José admirado en su humildad. Lleno del Espíritu Santo que le llevó por este camino de grandeza increíble y admirada.

Pero, ¿Cuál es la grandeza de San José? Es justamente lo que Jesús anuncia en su mensaje “Quien quiere ser el más grande hágase el servidor de los demás, quien quiere ser el primero que se haga el siervo de todos”. Admiremos a este santo que ha escuchado al Espíritu Santo y se dejó guiar por él.

San José sirvió toda su vida. San José no quería figurar, sino servir y callar para desaparecer. Por esto es un Santo tan grande. Sin humildad no hay Santidad. Conforme al grado de la humildad crece la santidad. El que persigue la glorificación encontrará la humillación; quien persigue lo humilde encontrará la gloria. San José, después de servir al Hijo de Dios dándole su protección y amor, desaparece. Sabe ser humilde, modesto, silencioso. El hombre modesto, el hombre del silencio. El hombre que sabe callar.

Como el Hijo del hombre que no vino para ser servido, sino para servir; así San José. Gran Patriarca a quien miramos con inmenso respeto y admiración. Pasó en la tierra humildemente, para pasar la Eternidad con honor y Gloria.

Sin Humildad ninguna santidad.  En el grado de la humildad crece la santidad. “A los humildes Dios le da su gracia”. Nada puede el hombre sin Dios. Seamos humildes, busquemos no figurar. Esta es la vida de los santos.

¡Que san José rece por nosotros!  Que implore la plenitud del Espíritu Santo que vivía en él. Para que sepamos imitarle a él en esta sabiduría de los santos para ser humildes y ser en Dios glorificados.

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