Primer Domingo de Cuaresma

El Evangelio de este domingo nos muestra a Jesús que va al desierto y es tentado por el Demonio. Dice Mons. Federico Kaiser: “ Jesús quería ser tentado para sentir el peso de la tentación, aunque no podía pecar. Él quería ser nuestra fortaleza, y darnos ejemplo de cómo portarnos en la tentación”

La tentación nos acompaña a través de nuestra vida. El tentador está presente para alejarnos de Dios. La actitud decidida de Jesús que no le da oportunidad alguna, debe ser nuestra actitud. “Resistid al Diablo y él huirá de vosotros” (Stgo 4,7)  Nuestra cultura moderna ofrece al tentador una avalancha de posibilidades para influir en nosotros. Se hizo la tentación en las tres formas principales en las que el “príncipe de este mundo” suele tentar: Por la “Concupiscencia de la carne”(Sensualidad); “Concupiscencia de los ojos” (Avaricia) y “La jactancia de la Vida” (Soberbia).  Las tentaciones son una oportunidad de acerarnos más a Dios para no sucumbir. Tomemos las armas de Dios que están cerca de nosotros. El arma principal es la “Palabra de Dios”.

Dice la escritura : “La Palabra no está lejos de ti; está en tu corazón y en tus labios”. Mons. Kaiser, explicando este texto en unas de sus prédicas nos dice:

“Cristo es la Palabra personal, él está presente siempre. Hoy el “Tentador”, el padre de la mentira, está tentando. Como Jesús fue tentado, mucho más somo tentados nosotros. El Diablo presenta las tentaciones en forma de palabras bíblicas, sabe abusar de la misma Palabra de Dios. Él se acerca, ¡tengamos cuidado, miremos bien! Cristo es el Verbo, es la verdad. La luz, la doctrina, el Divino Maestro de la verdad.

“La  Palabra no está lejos de ti, está en tus labios y en tu corazón” y San Pablo nos amonesta que, “la Palabra de Cristo habite en toda su plenitud en nosotros”. Esta es nuestra seguridad de no ser contagiados por los errores modernos, el microbio moderno. Es la seguridad de no caer en la tentación.

En tu corazón está Cristo. Dice san Pablo: “Quien cree con su corazón y predica con sus labios él se salvará”… Justificación, salvación en  mí por la fe verdadera que vive por la caridad, esta fe que es una entrega total y de caridad perfecta a mi Cristo.  Esta fe produce en mi alma la justicia, la santificación.  Pero, ¿Basta eso? De ninguna manera. No basta guardar la fe, sino predicarla, practicarla. Todo cristiano por estar bautizado está obligado tanto a creer como a predicar de palabra y obra.

Nuestra vocación cristiana nos llama a predicar y confesar, propagar esta verdad y llevarla a los demás. Sepa que su obligación sacratísima es llenar su alma y corazón de la Palabra de Cristo y  después llevarla a los hombres y predicarla a los demás. No guardar ni la fe ni la verdad, sino, propagarla, proclamarla y difundirla. Así combatimos el error y estamos con Cristo y  Él está en nuestros corazones y labios”.

Hoy es necesario dar testimonio de Jesús nuestro Señor, y a través de nuestro testimonio evitar y conquistar la tentación con el ejemplo y poder que nos da Jesús. No debemos asustarnos, pues, “La victoria que vence al mundo es nuestra Fe”

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