Cuarto Domingo de Cuaresma

El cuarto domingo de Cuaresma, es llamado también domingo de Laetare. La palabra  Laetare quiere decir “alegraos”. La Iglesia invita en medio de estas prácticas cuaresmales a mirar hacia dentro, descubriendo cada uno su propio pecado, pero en la perspectiva alegre del que sabe que la misericordia de Dios es más grande. Pero el motivo más grande de gozo para los creyentes es la proximidad de la Pascua del  Señor.

Mons. Federico Kaiser, tomando la oración del inicio de la Misa “Danos Señor la gracia de celebrar con alegría esta Cuaresma”, nos dice:

“Debemos tener alegría en este tiempo Cuaresmal, porque nos dice la Biblia: “La alegría  del Señor es nuestra fuerza” (Nehemías 8,10). Viendo el Evangelio que es muy serio, nos damos cuenta que no falta la semilla de la alegría.

Por todas partes,  está la alegría, porque tenemos que estar alegres. Ante una tarea muy seria que Dios nos encomienda, necesitamos Alegría, porque sin alegría poco se alcanza o no se alcanza nada, donde se requiere esfuerzo y sacrificio.

Así en el Evangelio, nos damos cuenta sobre todo que el Hijo pródigo ha regresado y el Padre está feliz. Sí, Dios es feliz si soy penitente, si soy uno que sabe convertirse, volver con toda mi alma y llegar al corazón de mi Padre. El Segundo Hijo se dio cuenta que había música y baile, y el Padre dice a su hijo mayor que era necesario: “teníamos que celebrar fiesta, porque tu hermano volvió”. Se tenía que celebrar este acontecimiento. Celebramos fiesta hay gran banquete. La santa Iglesia, Cristo mismo por medio de esta liturgia quiere ser glorificado.

Dios quiere que le rindamos el culto que se explican con estas palabras: “Sirvamos al Señor con alegría”. Si no hay alegría, nuestro servicio no es gran cosa. Nunca perder la alegría. Debemos estar con Cristo, con el Padre Celestial, con el Espíritu Santo y Santificador que quiere trabajar en nosotros sobre todo en estos días tan serios y penitenciales de la Cuaresma. El clima del Espíritu Santo es la alegría y si usted deja este clima no se va a santificar gran cosa.

El clima del diablo es la tristeza, el mal humor, la melancolía, el rencor por alguna cosa que recuerda y no le deja ser feliz y alegre. La alegría es indispensable para ser cristianos santos. La Cuaresma ayuda para ser cristianos santos, alegres, de paz. Para rezar mucho, hacer bien nuestro examen de conciencia, confesarnos bien y hacer bien nuestros sacrificios. Todo es posible y se hace fácil si nos quedamos con el Espíritu Santo y vivimos en su clima que es la alegría.

Mandemos al diablo de paseo, alegrémonos mucho en el Señor. No demos en nuestra vida un lugar al diablo y sirvamos al Señor con alegría, la fuerza en el Señor es la alegría. Alegrémosnos mucho, para llevar bien este tiempo hasta la Resurrección, para que sea auténtica Cuaresma”

25 de marzo: Solemnidad de la Anunciación

“Gracias al «sí» de Cristo y de María, Dios pudo asumir un rostro de hombre”

Estas Palabras fueron pronunciadas por Benedicto XVI el 25 marzo 2007.  Al rezar la oración mariana del Ángelus, pronunció una hermosa catequesis sobre María Santísima en este tiempo de Cuaresma:

El 25 de marzo celebramos la solemnidad de la Anunciación de la Virgen María. La Anunciación, narrada al inicio del Evangelio de san Lucas, es un acontecimiento humilde, escondido –nadie lo vio, sólo lo presenció María–, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad. Cuando la Virgen pronunció su «sí» al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con Él comenzó la nueva era de la historia, que después sería sancionada en la Pascua como «nueva y eterna Alianza».

En realidad, el «sí» de María es el reflejo perfecto del «sí» de Cristo, cuando entró en el mundo, como escribe la Carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: «¡He aquí que vengo – pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!» (10, 7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre y de este modo, gracias al encuentro de estos dos «síes», Dios ha podido asumir un rostro de hombre. Por este motivo la Anunciación es también una fiesta cristológica, pues celebra un misterio central de Cristo: su Encarnación.

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». La respuesta de María al ángel continúa en la Iglesia, llamada a hacer presente a Cristo en la historia, ofreciendo su propia disponibilidad para que Dios siga visitando a la humanidad con su misericordia…

En este período de Cuaresma contemplamos más frecuentemente a la Virgen que en el Calvario sella el «sí» pronunciado en Nazaret. Unida a Jesús, testigo del amor del Padre, María vivió el martirio del alma. Invoquemos con confianza su intercesión para que la Iglesia, fiel a su misión, dé al mundo entero testimonio valiente del amor de Dios.

Tercer Domingo de Cuaresma

  • Evangelio según san Lucas 13, 1-9

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús contestó:

—«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

Y les dijo esta parábola:

—«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:

“Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”.

Pero el viñador contestó:

“Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».

Mons. Kaiser comenta las tres lecturas que este domingo la Iglesia nos propone:

La Cuaresma es un tiempo de renovación, de aumento de fervor. En las lecturas la Santa Madre Iglesia amonesta a sus hijos, insiste que sigan con fervor hasta el último día de la Cuaresma, que el amor se mantenga, que crezca estos 40 días.

En la primera lectura del Éxodo: Los israelitas en la esclavitud fueron liberados a la luz de los grandes hechos y grandezas de Dios. Libres del faraón, libres de la esclavitud, protegidos todos ellos por Dios en la nube. Sabían ellos que Dios estaba presente y luchaba con ellos. Salvados de la esclavitud por Dios, todos ellos pasaron por el Mar Rojo como aguas salvadoras que nos hace pensar en el bautismo. Y, todos bebieron la misma bebida espiritual, es decir, la Palabra que Moisés anunció a su pueblo. Todos han comido el Maná, el pan del cielo.  Así,  salvados, triunfantes, están de camino hacia la Tierra Santa. Tendrán autonomía, serán una nación Consagrada a Yahvéh, Vendrá por esta nación el Mesías. Ellos mismos se decían: “ Somos Israel de Dios, ¡nosotros los salvados!. Así se lee en esta lectura. “Voy a bajar a librarlos de los egipcios a sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa que mana leche y miel”

En la segunda lectura: San Pablo en su segunda carta a los Corintios medita al respecto: “Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, prefigurando una realidad de la cual estos hechos bíblicos eran nada más que sombra y figura. Esto sucedió para que nosotros no codiciemos el mal como lo hicieron nuestros padres. Todos estuvieron bajo la nube, todos atravesaron el mar pasando por aquellas aguas salvadoras, todos bebieron la misma bebida espiritual, todos comieron el maná, pero, la mayoría de ellos no agradaron a Dios” ¿Cómo no eran hijos de Abraham? Lo eran, pero, sus acciones estaban lejos de ser gratas a Dios. Toda una generación que triunfó, que vio los prodigios de Dios, sin embargo, ¡una generación incrédula! quedaron muertos en el desierto. Ninguno de ellos entró en la Tierra Santa.  Toda la generación de adultos que habían pecado, vagó 40 años en el desierto, ¿Pero, si Dios los había salvado? ¿Tenían ya seguridad? Tenían que cooperar con Dios para alcanzar la salvación definitiva.

Dice Jesús en el Evangelio a aquellos que le hablan de los asesinatos a los galileos: Puede sobrevenir un castigo peor. No piensen que esos galileos eran más pecadores que los otros galileos. Y, en cuanto a la desgracia de la torre que se cayó y mató a muchos en Jerusalén. ¡Oigan bien! Todos. Sean galileos o judíos o cristianos, todos necesitamos conversión. Necesitamos convertirnos hasta la última hora que estamos en la tierra.

Tomemos en serio la Palabra de Cristo. Nuestro mundo actual no comprende esta Palabra. Acabamos de escuchar que la mayoría no agradó a Dios. ¿Hoy también no será la mayoría? Sí, en países enteros donde hay una mayoría católica, sólo el 30 % o tal vez menos cumple la santificación del domingo y del matrimonio. La mayoría vive peor que el pagano santo que cumple la ley de Dios que está inscrita en sus corazones. De aquellos que sin ser bautizados cumplen lo que su conciencia les dice. Muchos Católicos viven ofendiendo a Dios, domingo por domingo y día por día con pecados mortales.  El Dios de la verdad,  por medio de la Iglesia, nos dice la verdad: ¡Debemos Convertirnos! Si no nos convertimos durante toda la vida, día por día hasta el fin, pereceremos”. ¡Convirtámonos y viviremos!  Amén.

SAN JOSÉ HUMILDE

Hoy es la fiesta de San José. Si pregunto a ustedes, ¿Han leído alguna vez la vida de San José? Seguro me dicen, que jamás encontraron un libro con este título. En los Evangelios mismos hay poco sobre San José y no encontramos de él ninguna palabra.

Todos los santos tienen una misión especial. San Pedro, tenía que ser el jefe de la Iglesia.  San Pablo, el gran predicador. San Francisco tenía que restaurar la pobreza en la Iglesia. San Ignacio quería que  la obediencia se destaque de nuevo.

Cuál es la misión de San José en el Reino de Dios para las almas?

La obra, la tarea, la misión por Dios asignada a San José,  era de ser “HUMILDE”; de una humildad destacada, extraordinaria, innegable, ejemplar. Lección inteligible para todos. San José es el santo de la humildad.

Cuando el Ángel de Dios visitó a la Virgen Santísima, encontramos Palabras de ella en los Evangelios. Pero, cuando el Ángel se presenta en sueños a San José y le manda ir a Egipto;  San José no dice nada, pero,  “Obedece inmediatamente”. Se levanta del sueño y cumple lo que le indica el Ángel. San José admirado en su humildad. Lleno del Espíritu Santo que le llevó por este camino de grandeza increíble y admirada.

Pero, ¿Cuál es la grandeza de San José? Es justamente lo que Jesús anuncia en su mensaje “Quien quiere ser el más grande hágase el servidor de los demás, quien quiere ser el primero que se haga el siervo de todos”. Admiremos a este santo que ha escuchado al Espíritu Santo y se dejó guiar por él.

San José sirvió toda su vida. San José no quería figurar, sino servir y callar para desaparecer. Por esto es un Santo tan grande. Sin humildad no hay Santidad. Conforme al grado de la humildad crece la santidad. El que persigue la glorificación encontrará la humillación; quien persigue lo humilde encontrará la gloria. San José, después de servir al Hijo de Dios dándole su protección y amor, desaparece. Sabe ser humilde, modesto, silencioso. El hombre modesto, el hombre del silencio. El hombre que sabe callar.

Como el Hijo del hombre que no vino para ser servido, sino para servir; así San José. Gran Patriarca a quien miramos con inmenso respeto y admiración. Pasó en la tierra humildemente, para pasar la Eternidad con honor y Gloria.

Sin Humildad ninguna santidad.  En el grado de la humildad crece la santidad. “A los humildes Dios le da su gracia”. Nada puede el hombre sin Dios. Seamos humildes, busquemos no figurar. Esta es la vida de los santos.

¡Que san José rece por nosotros!  Que implore la plenitud del Espíritu Santo que vivía en él. Para que sepamos imitarle a él en esta sabiduría de los santos para ser humildes y ser en Dios glorificados.

Segundo Domingo de Cuaresma

«Éste es mi Hijo amado; escúchenlo».

Lc 9, 28-36: En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo revestidos de gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; pero permanecieron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

— «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Haremos tres carpas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:

— «Éste es mi Hijo, mi elegido; escúchenlo».

Cuando se oyó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.”

Comentando este pasaje evangélico nos dice Mons. Federico Kaiser:

El Evangelio nos presenta a Cristo en su Transfiguración. Los apóstoles le habían escuchado dos días antes: “Iré a Jerusalén, me van a tomar preso, se burlarán de mí, me matarán, pero, al tercer día resucitaré”. El Señor revelaba a sus Apóstoles que Él, el Ungido de Dios, el Mesías esperado de Israel, distaba lejos de ser el Mesías político que ellos se imaginaban. Él, en vez de imponerse triunfante sobre sus enemigos, debía «sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día» (Lc 9, 22). Los apóstoles se han quedado con el pensamiento de la muerte y sufrimiento de Jesús. Pedro le dice: “Señor, de ninguna manera, esto no puede pasarte”. Jesús quería ensenarles que para llegar a la Gloria es necesaria la Cruz.

Hoy en esta hora de Tabor, Cristo ilumina y conforta a sus apóstoles:  Iré a la pasión, pero, lo importante es la Resurrección. Para ella voy a ser humillado. Y los apóstoles son testigos de esta transfiguración “su rostro radiante como el sol y sus vestidos blancos como la nieve”. Los apóstoles son testigos de un pre-resplandor de Cristo resucitado, de Cristo elevado a las alturas de la gloria junto con el  Padre. Son testigos de una voz “Escúchenlo”.  porque es mi Hijo eterno, mi elegido. Esta Palabra: “Escúchenlo” no es un consejo sino un sagrado mandato.

Hoy esta voz resuena para nosotros:  “Escúchenlo”, con esto comienza la vida de religión.

Primero es, escuchar la Palabra de Dios, de Cristo. ¿Escuchamos a Cristo? Podemos constatarlo cada uno en su propia alma. Si escuchamos con inteligencia, es decir, atentamente y no solo dejándome impresionar, sino actuando y escuchando con atención haciendo uso de la inteligencia que se me ha dado para escuchar a Dios mi creador. Escuchar atentamente quiere decir, reflexionar, buscar la verdad.

Lo segundo es escuchar con voluntad, con amor, que es la actuación de mi voluntad. Nadie escucha a quien no ama. Debo también hacer entrar algo de  la alegría que Cristo causa en su Transfiguración. Èl está alegrando y animando. Que en nuestras almas haya algo de la alegría que a Pedro lo deja totalmente ofuscado por ser demasiado grande.

Podemos preguntarnos: ¿Escuchamos nosotros con algo de alegría los textos de la Sagrada Biblia? Los sagrados textos litúrgicos es el medio principal por el cual Dios nos habla y nos enseña. ¿escuchamos con atención, con afecto y alegría? ¿Tratamos por lo menos escuchar con Voluntad? Esto es indispensable. Estos 40 días es un retiro cuaresmal. Lo primero es “escuchar” porque debemos llegara a orar. Entonces, sí estoy en trato asiduo con Dios. ¿De qué me sirve que Dios me hable si yo no le contesto nada y no le doy respuesta? Si usted habla a otra persona, esta le contesta. Pero,  temo que a Dios no escuchan. Muchas veces no hay respuesta. No han escuchado. No han cumplido el grito de lo alto: “Escúchenlo”.

De escuchar al Hijo de Dios depende nuestra conducta en la vida, nuestra santificación y nuestra salvación. Pero, se debe escuchar. Si escuchan es espontanea la respuesta, es inevitable el verdadero diálogo entre Dios y yo.

En la oración hay un verdadero diálogo, hay un intercambio y el que se enriquece es el mismo hombre. Dios es el dueño de todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Entonces aquí es inevitable la vida de oración. Y a esto va el sermón de hoy, a que lleguemos a vivir una vida de mucha oración. Este tiempo de cuaresma es un tiempo de mucha oración.  Quien no reza no se santifica, no cree, no cultiva su fe, es uno que va a la perdición. La oración es garantía de salvación, de santificación. Escuchemos a Dios con atención, con afecto, con alegría. Usted no puede escuchar sin amar a Aquel que le amó a usted primero. Dios nos habla, comencemos a ser cristianos muy distintos a lo que es ser caricatura de cristiano.

Hermanos Dios nos manda “escuchar” a Cristo, seguir a Cristo. Él es el que habla en la Biblia. Él es quien habla a su corazón, inspirando, llamando y entonces llegará a la oración. “Dime con quién andas yo te diré quién eres” . Si andas en la presencia de Dios, entonces usted será alma de oración y eso basta para mantener la vida anticipada de la Vida Eterna. Como Cristo nos hace ver una pre-gloria un pre-resplandor de la eternidad. La Cuaresma es tiempo de oración. El diálogo, trato íntimo y asiduo con Dios es lo que queremos lograr en esta sagrada cuaresma. Amén

Querido hermanos, si bien estamos invitados a la gloria, no podemos olvidar que el camino para alcanzarla necesariamente pasa por la cruz. Tampoco podemos olvidar en nuestro duro combate de la vida, que «los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros» (Rom 8, 18). Así, pues, no temas tomar tu cruz cada día y seguir y escuchar  fielmente a Jesús, confiado en la promesa que Él nos hace de hacernos partícipes de su misma gloria si hacemos lo que Él nos dice.

Primer Domingo de Cuaresma

El Evangelio de este domingo nos muestra a Jesús que va al desierto y es tentado por el Demonio. Dice Mons. Federico Kaiser: “ Jesús quería ser tentado para sentir el peso de la tentación, aunque no podía pecar. Él quería ser nuestra fortaleza, y darnos ejemplo de cómo portarnos en la tentación”

La tentación nos acompaña a través de nuestra vida. El tentador está presente para alejarnos de Dios. La actitud decidida de Jesús que no le da oportunidad alguna, debe ser nuestra actitud. “Resistid al Diablo y él huirá de vosotros” (Stgo 4,7)  Nuestra cultura moderna ofrece al tentador una avalancha de posibilidades para influir en nosotros. Se hizo la tentación en las tres formas principales en las que el “príncipe de este mundo” suele tentar: Por la “Concupiscencia de la carne”(Sensualidad); “Concupiscencia de los ojos” (Avaricia) y “La jactancia de la Vida” (Soberbia).  Las tentaciones son una oportunidad de acerarnos más a Dios para no sucumbir. Tomemos las armas de Dios que están cerca de nosotros. El arma principal es la “Palabra de Dios”.

Dice la escritura : “La Palabra no está lejos de ti; está en tu corazón y en tus labios”. Mons. Kaiser, explicando este texto en unas de sus prédicas nos dice:

“Cristo es la Palabra personal, él está presente siempre. Hoy el “Tentador”, el padre de la mentira, está tentando. Como Jesús fue tentado, mucho más somo tentados nosotros. El Diablo presenta las tentaciones en forma de palabras bíblicas, sabe abusar de la misma Palabra de Dios. Él se acerca, ¡tengamos cuidado, miremos bien! Cristo es el Verbo, es la verdad. La luz, la doctrina, el Divino Maestro de la verdad.

“La  Palabra no está lejos de ti, está en tus labios y en tu corazón” y San Pablo nos amonesta que, “la Palabra de Cristo habite en toda su plenitud en nosotros”. Esta es nuestra seguridad de no ser contagiados por los errores modernos, el microbio moderno. Es la seguridad de no caer en la tentación.

En tu corazón está Cristo. Dice san Pablo: “Quien cree con su corazón y predica con sus labios él se salvará”… Justificación, salvación en  mí por la fe verdadera que vive por la caridad, esta fe que es una entrega total y de caridad perfecta a mi Cristo.  Esta fe produce en mi alma la justicia, la santificación.  Pero, ¿Basta eso? De ninguna manera. No basta guardar la fe, sino predicarla, practicarla. Todo cristiano por estar bautizado está obligado tanto a creer como a predicar de palabra y obra.

Nuestra vocación cristiana nos llama a predicar y confesar, propagar esta verdad y llevarla a los demás. Sepa que su obligación sacratísima es llenar su alma y corazón de la Palabra de Cristo y  después llevarla a los hombres y predicarla a los demás. No guardar ni la fe ni la verdad, sino, propagarla, proclamarla y difundirla. Así combatimos el error y estamos con Cristo y  Él está en nuestros corazones y labios”.

Hoy es necesario dar testimonio de Jesús nuestro Señor, y a través de nuestro testimonio evitar y conquistar la tentación con el ejemplo y poder que nos da Jesús. No debemos asustarnos, pues, “La victoria que vence al mundo es nuestra Fe”

CUARESMA, TIEMPO SANTO Y SANTIFICADOR

La Cuaresma es un tiempo litúrgico de penitencia y conversión en la que los fieles se preparan para vivir el misterio Pascual, es decir  la pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Tiene una duración de 40 días. En este tiempo, los 40 días nos recuerdan los días que Jesús pasó en el desierto antes de comenzar su vida pública.

Mons. Federico Kaiser, nos recuerda al respecto: “Cuaresma es el santo tiempo que nos  prepara para que viviendo con Cristo, llegar a morir con Cristo y poder Resucitar con Cristo a la Vida eterna.  Tiempo Sagrado que llama a la Conversión. Dios nos llama a todos. ¡Convertíos! Dice a los grandes pecadores que viven en el pecado y se olvidan de Dios. ¡Convertíos! Lo dice Dios a todo cristiano. Todo cristiano está llamado a ser un Santo auténtico. Es lo normal. ¡ Convertíos!  es el llamado a todos nosotros.”

Convertirnos a una vida con Cristo. Dios ha llamado a todo bautizado a una vida de santidad. Estamos obligados a ser santos. A veces pensamos que la santidad es sólo para un grupo determinado, para algunas personas. Pero, en realidad la santidad es para todo. Nos continúa diciendo Mons. Federico Kaiser:  “Viva su catecismo radicalmente y será un santo extraordinario. Rece, lleve vida de oración. Rezar es indispensable para llegar a la santidad. Rezar con gusto o sin gusto. Quien reza se santifica. Rece y será santo. Esta es la forma más sencilla para llegar a la santidad a que todo cristiano está obligado a ser.”

Pero la santidad auténtica está acompañada de la virtud de la alegría. Ella es indispensable para llevar una vida cristiana santamente austera. Quien es alegre y de oración siempre será fiel a su vocación cristiana. Mons. Kaiser nos enseña que, esta alegría es “Clima del Espíritu Santo. La alegría es energía para nuestra santificación. Pues si somos alegres, seremos capaces de pasar muchas pruebas y aún grandes obstáculos con entereza y serenidad.”  Con respecto a este tiempo de Cuaresma Mons. Kaiser nos exhorta a convertirnos a una Vida con Cristo. Llevar vida cristiana, vida de apóstol, de mortificación y a la vez Vida Alegre. En este tiempo se nos invita a una Vida de ayuno y mortificación. Pero siempre alegres. No es la alegría ruidosa y bulliciosa, sino la alegría serena, es decir, de Paz y gozo en nuestras almas. En estos 40 días de Cuaresma, llevemos una vida de sacrificio y mortificación, pero siempre serena y alegre. Una Vida cristiana santa. ¡Vivamos esta vida!

Para recordarnos  este tiempo santo -continúa diciendo Mons. Kaiser- nos invita la iglesia a que recibamos la ceniza en  la frente con esas palabras: “Acuérdate hombre que eres polvo y al polvo volverás.” En cuanto a tu cuerpo eres polvo, ¿porqué no tratarlo ahora con la austeridad cristiana para que se pueda configurar con Cristo?.   La sagrada ceniza nos recuerda esto: Ahora vivo muriendo cada día sanamente, santamente para más santidad. Viviendo con Cristo para morir con cristo. Esta vida nos prepara para resucitar con cristo.

Entremos en la Cuaresma en serena alegría y felicidad, en vida sana santamente mortificada y feliz. Recordemos: “Un santo triste es un triste santo. Un cristiano triste es un triste  cristiano”